La
mayoría de la gente se imagina que si un gato menea
la cola
es porque está enfadado, pero esto sólo es verdad en
parte.
La auténtica respuesta es que el gato se encuentra en
un
estado de conflicto. Quiere hacer dos cosas a la vez, pero
cada
impulso bloquea al otro. Por ejemplo, si un gato maúlla
porque
quiere salir de noche, y le abren la puerta y ve que
llueve
a cántaros, la cola del animal empezará a moverse. Si
se
precipita hacia la noche y se detiene desafiante por un
momento,
quedando empapado, su cola se meneará aún
más
furiosamente. Luego toma una decisión, y o bien vuelve
atrás,
al confortable abrigo de la casa, o, valientemente,
saldrá
a patrullar su territorio, a pesar de las condiciones
climatológicas.
En cuanto resuelve su conflicto, de uno u
otro
modo, su cola cesa inmediatamente de moverse.
En un
caso así es inapropiado describir el estado de
ánimo
como colérico. La cólera implica un ansia frustrada de
atacar,
pero el gato anterior a la tormenta no es agresivo.
Lo que
se frustra aquí son las ganas de explorar que, a su
vez,
están frustrando el poderoso deseo felino de
mantenerse
cómodo y seco. Cuando las dos urgencias se
equilibran,
el gato no obedece a ninguna de las dos.
Impulsado,
a la vez, en dos direcciones diferentes, se queda
inmóvil
y menea la cola. Cualquiera de las dos opuestas
urgencias
produciría la misma reacción, y sólo cuando una
de las
mismas sea el ansia de atacar - frustrada por el
miedo o
por cualquier otro estado de ánimo en competencia
-,
podríamos decir que el gato está meneando la cola por
encontrarse
enfurecido.
Si el
meneo de la cola en los gatos representa un estado
de
conflicto agudo, ¿cómo se origina dicho movimiento?
Para
comprenderlo, obsérvese a un gato tratando de buscar
el
equilibrio en un reborde estrecho. Si nota que va a caer,
su cola
rápidamente se moverá hacia un lado, actuando
como
contrapeso. Si se sostiene un gato en el regazo y se le
mueve
levemente hacia la izquierda y luego hacia la
derecha,
alternando estos movimientos, puede observarse
que su
cola se mueve de una manera rítmica de un lado a
otro,
como a cámara lenta. Así comienza el meneo de la cola
cuando
su estado de ánimo es conflictivo. Mientras las dos
ansias
en competencia impulsan al gato en direcciones
opuestas,
la cola responde como si el cuerpo del animal
fuese
impulsado primero en una dirección y luego en la otra.
Durante
la evolución este azotar de la cola de un lado a otro
se
convirtió en una útil señal en el lenguaje corporal de los
gatos y
fue en extremo acelerado en una forma que la hizo
más
conspicua e instantáneamente reconocible. Hoy es este
movimiento
mucho más rápido y rítmico que cualquier otro
ordinario
de balanceo lo que nos hace decir, a primera vista,
que el
conflicto que el animal se halla experimentando es
emocional
en vez de puramente físico.
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