Los
gatos macho marcan sus territorios lanzando un
chorro
potente de orina hacia atrás en rasgos verticales en
su
medio ambiente. Apuntan a las paredes, arbustos,
tocones
de árboles, postes de vallas o cualquier mojón de
tipo
permanente. Les atraen en particular los lugares donde
ellos u
otros gatos los han rociado en el pasado, añadiendo
su
propio nuevo olor a todas las marcas de los antiguos que
ya se
habían depositado allí.
La
orina de los machos tiene un olor notablemente fuerte,
tanto
que hasta las atrofiadas narices humanas pueden
detectarlo
con mucha claridad. Para nosotros desprenden un
hedor
particularmente desagradable y muchas personas han
castrado
a sus gatos en un intento de acabar con este
cuidado.
Otros olores de los gatos son casi imperceptibles
para
los humanos. Las glándulas que tienen en la cabeza, y
que se
frotan contra los objetos para depositar en ellos su
olor,
otra forma felina de su marcado, producen un aroma
que es
de gran significación para los gatos, pero que pasa
completamente
inadvertido por sus dueños.
Algunas
autoridades han alegado que la orina esparcida
actúa
como una señal amenazadora para los gatos rivales.
Sin
embargo, faltan pruebas de peso, y muchas horas de
pacientes
investigaciones de campo nunca han revelado
ninguna
reacción que apoye ese punto de vista. Si el olor
dejado
en los mojones fuese verdaderamente amenazador
para
otros gatos, debería intimidarlos cuando lo oliesen.
Deberían
retroceder muertos de miedo y de pánico, y luego
alejarse.
Pero su respuesta es exactamente la contraria. En
vez de
retirarse, se sienten atraídos por las marcas, y las
olisquean
con el mayor interés.
Así,
pues, si no son amenazadoras, ¿qué significan las
marcas territoriales?
¿Qué señales conllevan? La respuesta
es que
funcionan como los periódicos respecto de nosotros.
Cada
mañana leemos el diario y nos mantenemos
informados
de cómo van las cosas en el mundo de los
humanos.
Los gatos deambulan por sus territorios y, al
olisquear
las marcas de olor, se enteran de todas las
novedades
acerca de las ¡das y venidas de la población
felina.
Comprueban cuánto tiempo ha pasado desde su
última
visita (por el grado de debilitamiento de su última
micción)
y “leen” por el olor quién más ha pasado por allí y
ha
efectuado su rociadura, y cuánto tiempo hace de ello.
Cada
rociado lleva también consigo una considerable
información
del estado emocional y la identidad del
individuo.
Cuando un gato decide dejar otra rociada realiza
el
equivalente felino de escribir una carta al The Times,
publicar
un poema o dejar una tarjeta de visita,
compendiado
en un chorro de orina.
Puede
argüirse que el concepto de señalización de olor es
inverosímil
y que el rociado hecho por los gatos es,
simplemente,
el método de desembarazarse de sus orines y
que,
por lo tanto, carece de otra significación. Si un gato
tiene
la vejiga llena la vaciará; si la vejiga está vacía no
habrá
el menor rociado. Pero los hechos contradicen esto.
Cuidadosas
observaciones han mostrado que los gatos
llevan
a cabo acciones regulares de vaciado, de modo
rutinario
y sin tener en cuenta el estado de sus vejigas. Si
se da
el caso de que están llenas, entonces cada chorro será
grande.
Si está casi vacía, entonces se racionará la orina. El
número
de chorritos y las áreas territoriales en las que
marcará
su olor seguirán siendo las mismas, sin importar el
mucho o
poco líquido que el gato haya bebido. Asimismo, si
el gato
carece por completo de orines, continuará su rutina
de las
marcaciones odoríferas, visitando laboriosamente
cada
sitio marcado volviendo la espalda hacia él,
esforzándose
y moviendo la cola, alejándose a continuación.
El acto
del rociado tiene su motivación por separado, lo cual
constituye
una clara indicación de su importancia en la vida
social
felina.
Aunque
no se da en todos los casos, las hembras y los
machos
castrados, lanzan también chorros de orina como
los
gatos no castrados. La diferencia radica en que sus
acciones
son menos frecuentes y su olor menos
nauseabundo,
por lo que apenas nos percatamos del mismo.

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