Miauuuuuuuu miauuuuuuuu
Web dedicada al mundo felino :3
domingo, 1 de febrero de 2015
viernes, 30 de enero de 2015
¿Qué extensión tiene el territorio de un gato?
El
colega salvaje del gato doméstico tiene un territorio
muy
grande y los machos llegan a patrullar hasta 80
hectáreas.
Los gatos domésticos asilvestrados viven en
zonas
alejadas donde existe un espacio ¡limitado de un área
impresionantemente
grande. Los típicos gatos de granja
disponen
también de mucho espacio y los machos recorren
hasta
65 hectáreas. Las gatas de granja son más modestas,
sólo
tienen de promedio unas 6 hectáreas. En las ciudades,
pueblos
y suburbios, la población gatuna llega a la
superpoblación,
lo mismo que las personas. Los territorios
de los
gatos callejeros se reducen a una simple fracción del
radio
del hogar disfrutado por sus primos del campo. Se
estima
que los gatos que viven, por ejemplo, en Londres
disfrutan
de un espacio no superior a dos mil metros
cuadrados.
Los gatos domésticos mimados que habitan en
las
casas de sus dueños pueden estar aún más restringidos,
dependen
del tamaño de los jardines contiguos a las
viviendas.
La densidad máxima registrada es de un gato
doméstico
por cada seiscientos metros cuadrados.
Este
grado de variación en el tamaño de los territorios
felinos
muestra lo flexible que puede llegar a ser el gato,
que al
igual que las personas, se adapta, aunque tenga que
encogerse,
a sólo su hogar, sin sufrir por ello más de lo
debido.
Según las cifras que hemos dado, resulta fácil
calcular
que 8.750 apretujados gatos domésticos cabrían en
el
territorio de un solo gato salvaje. El hecho de que la vida
social
de los gatos amontonados no se convierta en algo
caótico
y pervertido, constituye un testimonio de la
tolerancia
social de los gatos. En cierto modo esto nos
sorprende,
porque la gente habla de la sociabilidad de los
perros,
y hace constar que los gatos son mucho más
solitarios
e insociables. No lo han elegido pero, ante el
desafío
de tener que vivir unos gatos con otros, cola contra
cola,
se las arreglan bastante bien.
Consiguen
este éxito dentro de tan alta densidad de
varias
formas. El factor más importante es la provisión de
alimento
por parte de sus dueños, lo que elimina la
necesidad
de largas cacerías diarias. Quizá no elimine el
ansia
de emprender tales periplos, pero reduce la osadía
que
nace de un estómago vacío. Aunque invadan territorios
vecinos,
pueden dejar la caza sin morirse de hambre. El
restringir
sus cacerías al atestado radio de acción de sus
hogares
les hará ineficientes para la caza, lo que puede ser
frustrante,
pero no pasa hambre ni por eso tiene que
enfrentarse
a la muerte. Se ha demostrado que, cuantos
más
alimentos les suministran sus dueños, más pequeños
se
hacen sus territorios urbanos.
Otro
factor que les ayuda es la forma en que los amos
señalan
sus territorios (con vallas, arbustos y muros para
delimitar
sus jardines). Todo ello les proporciona líneas
fronterizas
naturales que resultan sencillas de reconocer y
defender.
Además, también pueden esconderse dentro de
sus
territorios. Las hembras suelen tener en sus hogares
varios
sitios donde se esconden y donde pueden encontrarse
en
terreno neutral. Los machos - cuyos territorios son
siempre
diez veces mayores que los de las hembras - se
esconden
mucho menos. Cada macho deambula por un área
que
incluye varios territorios de las hembras, permitiéndole
observar
permanentemente qué reina (hembra) se
encuentra
en celo en cualquier momento dado.
Se
permite este apartamiento porque, por lo general, los
gatos
se evitan mutuamente mientras patrullan por los
mojones
de su territorio. Si, por casualidad, dos de ellos se
topan,
se amenazarán uno al otro o, quizá siga cada cual su
camino,
pero observándose en sus movimientos y
aguardando
su turno para visitar la zona particular del otro.
El
número de gatos domésticos, naturalmente, es
controlado
por sus propietarios, con el castrado de adultos,
la
destrucción de las camadas no deseadas y la venta o el
abandono
de los gatitos de más. Pero, ¿cómo las
distribuciones
territoriales de los gatos salvajes se
mantienen
a pesar de su mucha descendencia? Un estudio
detallado
que se hizo de los gatos que vivían en los
malecones
de un gran puerto, en un área de 100 hectáreas,
nos
dice que había noventa y cinco gatos. Cada año nacían
un
total de 400 gatitos. Se trata de unas cifras elevadas, de
unos
diez por hembra, lo cual significa un promedio de dos
camadas
por cada reina. En teoría, esto significaría que la
población
se cuadruplicase cada año. Pero se observó que la
población
permanecía estable de un año a otro. Los gatos
habían
establecido un tamaño apropiado de territorio para
aquel
mundo salvaje en los malecones donde vivían, y se
habían
limitado a mantenerlo. Investigaciones más a fondo
revelaron
que sólo uno de cada ocho gatitos sobrevivía
hasta
convertirse en adulto. Esos cincuenta gatos de más a
la
población cada año se veían compensados por las
cincuenta
defunciones de los gatos más viejos. Aquí, la
causa
principal de las muertes (lo mismo que en las
poblaciones
urbanas de gatos) eran los fatales accidentes de
circulación.
miércoles, 28 de enero de 2015
¿Por qué un gato macho rocía de orina la pared del jardín?
Los
gatos macho marcan sus territorios lanzando un
chorro
potente de orina hacia atrás en rasgos verticales en
su
medio ambiente. Apuntan a las paredes, arbustos,
tocones
de árboles, postes de vallas o cualquier mojón de
tipo
permanente. Les atraen en particular los lugares donde
ellos u
otros gatos los han rociado en el pasado, añadiendo
su
propio nuevo olor a todas las marcas de los antiguos que
ya se
habían depositado allí.
La
orina de los machos tiene un olor notablemente fuerte,
tanto
que hasta las atrofiadas narices humanas pueden
detectarlo
con mucha claridad. Para nosotros desprenden un
hedor
particularmente desagradable y muchas personas han
castrado
a sus gatos en un intento de acabar con este
cuidado.
Otros olores de los gatos son casi imperceptibles
para
los humanos. Las glándulas que tienen en la cabeza, y
que se
frotan contra los objetos para depositar en ellos su
olor,
otra forma felina de su marcado, producen un aroma
que es
de gran significación para los gatos, pero que pasa
completamente
inadvertido por sus dueños.
Algunas
autoridades han alegado que la orina esparcida
actúa
como una señal amenazadora para los gatos rivales.
Sin
embargo, faltan pruebas de peso, y muchas horas de
pacientes
investigaciones de campo nunca han revelado
ninguna
reacción que apoye ese punto de vista. Si el olor
dejado
en los mojones fuese verdaderamente amenazador
para
otros gatos, debería intimidarlos cuando lo oliesen.
Deberían
retroceder muertos de miedo y de pánico, y luego
alejarse.
Pero su respuesta es exactamente la contraria. En
vez de
retirarse, se sienten atraídos por las marcas, y las
olisquean
con el mayor interés.
Así,
pues, si no son amenazadoras, ¿qué significan las
marcas territoriales?
¿Qué señales conllevan? La respuesta
es que
funcionan como los periódicos respecto de nosotros.
Cada
mañana leemos el diario y nos mantenemos
informados
de cómo van las cosas en el mundo de los
humanos.
Los gatos deambulan por sus territorios y, al
olisquear
las marcas de olor, se enteran de todas las
novedades
acerca de las ¡das y venidas de la población
felina.
Comprueban cuánto tiempo ha pasado desde su
última
visita (por el grado de debilitamiento de su última
micción)
y “leen” por el olor quién más ha pasado por allí y
ha
efectuado su rociadura, y cuánto tiempo hace de ello.
Cada
rociado lleva también consigo una considerable
información
del estado emocional y la identidad del
individuo.
Cuando un gato decide dejar otra rociada realiza
el
equivalente felino de escribir una carta al The Times,
publicar
un poema o dejar una tarjeta de visita,
compendiado
en un chorro de orina.
Puede
argüirse que el concepto de señalización de olor es
inverosímil
y que el rociado hecho por los gatos es,
simplemente,
el método de desembarazarse de sus orines y
que,
por lo tanto, carece de otra significación. Si un gato
tiene
la vejiga llena la vaciará; si la vejiga está vacía no
habrá
el menor rociado. Pero los hechos contradicen esto.
Cuidadosas
observaciones han mostrado que los gatos
llevan
a cabo acciones regulares de vaciado, de modo
rutinario
y sin tener en cuenta el estado de sus vejigas. Si
se da
el caso de que están llenas, entonces cada chorro será
grande.
Si está casi vacía, entonces se racionará la orina. El
número
de chorritos y las áreas territoriales en las que
marcará
su olor seguirán siendo las mismas, sin importar el
mucho o
poco líquido que el gato haya bebido. Asimismo, si
el gato
carece por completo de orines, continuará su rutina
de las
marcaciones odoríferas, visitando laboriosamente
cada
sitio marcado volviendo la espalda hacia él,
esforzándose
y moviendo la cola, alejándose a continuación.
El acto
del rociado tiene su motivación por separado, lo cual
constituye
una clara indicación de su importancia en la vida
social
felina.
Aunque
no se da en todos los casos, las hembras y los
machos
castrados, lanzan también chorros de orina como
los
gatos no castrados. La diferencia radica en que sus
acciones
son menos frecuentes y su olor menos
nauseabundo,
por lo que apenas nos percatamos del mismo.
lunes, 26 de enero de 2015
sábado, 24 de enero de 2015
¿Por qué un gato menea la cola?
La
mayoría de la gente se imagina que si un gato menea
la cola
es porque está enfadado, pero esto sólo es verdad en
parte.
La auténtica respuesta es que el gato se encuentra en
un
estado de conflicto. Quiere hacer dos cosas a la vez, pero
cada
impulso bloquea al otro. Por ejemplo, si un gato maúlla
porque
quiere salir de noche, y le abren la puerta y ve que
llueve
a cántaros, la cola del animal empezará a moverse. Si
se
precipita hacia la noche y se detiene desafiante por un
momento,
quedando empapado, su cola se meneará aún
más
furiosamente. Luego toma una decisión, y o bien vuelve
atrás,
al confortable abrigo de la casa, o, valientemente,
saldrá
a patrullar su territorio, a pesar de las condiciones
climatológicas.
En cuanto resuelve su conflicto, de uno u
otro
modo, su cola cesa inmediatamente de moverse.
En un
caso así es inapropiado describir el estado de
ánimo
como colérico. La cólera implica un ansia frustrada de
atacar,
pero el gato anterior a la tormenta no es agresivo.
Lo que
se frustra aquí son las ganas de explorar que, a su
vez,
están frustrando el poderoso deseo felino de
mantenerse
cómodo y seco. Cuando las dos urgencias se
equilibran,
el gato no obedece a ninguna de las dos.
Impulsado,
a la vez, en dos direcciones diferentes, se queda
inmóvil
y menea la cola. Cualquiera de las dos opuestas
urgencias
produciría la misma reacción, y sólo cuando una
de las
mismas sea el ansia de atacar - frustrada por el
miedo o
por cualquier otro estado de ánimo en competencia
-,
podríamos decir que el gato está meneando la cola por
encontrarse
enfurecido.
Si el
meneo de la cola en los gatos representa un estado
de
conflicto agudo, ¿cómo se origina dicho movimiento?
Para
comprenderlo, obsérvese a un gato tratando de buscar
el
equilibrio en un reborde estrecho. Si nota que va a caer,
su cola
rápidamente se moverá hacia un lado, actuando
como
contrapeso. Si se sostiene un gato en el regazo y se le
mueve
levemente hacia la izquierda y luego hacia la
derecha,
alternando estos movimientos, puede observarse
que su
cola se mueve de una manera rítmica de un lado a
otro,
como a cámara lenta. Así comienza el meneo de la cola
cuando
su estado de ánimo es conflictivo. Mientras las dos
ansias
en competencia impulsan al gato en direcciones
opuestas,
la cola responde como si el cuerpo del animal
fuese
impulsado primero en una dirección y luego en la otra.
Durante
la evolución este azotar de la cola de un lado a otro
se
convirtió en una útil señal en el lenguaje corporal de los
gatos y
fue en extremo acelerado en una forma que la hizo
más
conspicua e instantáneamente reconocible. Hoy es este
movimiento
mucho más rápido y rítmico que cualquier otro
ordinario
de balanceo lo que nos hace decir, a primera vista,
que el
conflicto que el animal se halla experimentando es
emocional
en vez de puramente físico.
jueves, 22 de enero de 2015
¿Por qué un gato pasa tanto tiempo acicalándose el pelaje?
La
respuesta obvia es para mantenerse limpio, pero en
esto
hay mucho más que el simple acicalamiento. Además
de
quitarse el polvo y la suciedad, o los restos de la última
comida,
los repetidos lametones del pelaje ayudan a
suavizarlo,
para que actúe como una capa aisladora más
eficiente.
Un pelo erizado es un aislante muy pobre, lo cual
puede
constituir un serio riesgo para un gato en tiempo muy
frío.
Pero el
frío no es el único problema. Los gatos se
acaloran
con facilidad en la época veraniega y el
humedecimiento
del pelaje se incrementa por una razón
especial.
Los gatos no tienen glándulas sudoríparas por todo
el
cuerpo como nosotros, por lo que no pueden sudar como
método
rápido de enfriamiento. El jadear ayuda, pero no es
suficiente.
La solución consiste en lamerse repetidamente el
pelo y
depositar en el mismo tanta saliva como les sea
posible.
La evaporación de esta saliva obra de la misma
manera
que la evaporación del sudor en nuestra piel.
Si los
gatos han estado expuestos a la luz solar aún
incrementan
más su acicalamiento. Como cabe imaginar, no
se
ponen al sol porque quieran estar más calientes, sino
porque
la acción de la luz solar sobre su pelo les proporciona
la
vitamina D esencial para su dieta y que adquieren a
través
de los lametones dados a su pelaje calentado, por el
sol.
Los
acicalamientos aumentan también cuando los gatos
se
alteran. A esto se le llama “acicalamiento de
desplazamiento”
y se cree que actúa para aliviar la tensión
de unos
violentos encuentros sociales. Cuando nosotros nos
hallamos
en un estado de nervios, a menudo nos “rascamos
la
cabeza”. Bajo idénticas condiciones, un gato se lame.
Cualquier
dueño de gatos que haya sostenido o acunado
a su
minino ya sabrá lo que hace el animal en cuanto queda
libre
del contacto humano. Se aleja, se sienta y luego, casi
siempre,
empieza a limpiarse. Esto ocurre, en parte, porque
necesita
alisarse su encrespado pelaje, pero también hay
otra
razón. Al tocar al gato le hemos contagiado nuestro olor
y, en
cierto modo, hemos enmascarado el suyo propio. El
lamerse
el pelaje vuelve a equilibrar las cosas, debilitando
nuestro
olor y reforzando el suyo. Nuestras vidas están
dominadas
por señales visuales, pero en el mundo del gato
los
olores y las fragancias son mucho más importantes, y
una
sobredosis de olor humano en su pelaje perturba y debe
ser
corregida con rapidez. Además, el lamerse el pelaje que
hemos
estado toqueteando significa que, en realidad, el
gato
disfruta “degustándonos” y leyendo las señales que
capta
del olor de nuestras glándulas sudoríparas. Nosotros
no
podemos oler la fragancia de nuestras manos, pero un
gato
sí.
Finalmente,
el vigoroso movimiento de tracción del
pelaje,
que es tan típico en un gato que se está acicalando,
desempeña
un papel especial en la estimulación de las
glándulas
de la piel, en la base de cada pelo.
Las
secreciones de esas glándulas son vitales para
mantener
el pelaje impermeable, y la tracción efectuada por
la
atareada lengua del gato prepara la impermeabilización
del
pelo como una protección contra la lluvia, Por lo tanto, el
acicalarse
es mucho más que una limpieza. Cuando un gato
se lame
el pelaje se está protegiendo, no sólo del polvo y de
la
enfermedad, sino también del frío y del
sobrecalentamiento,
de la deficiencia vitamínica, de la
tensión
social, de los olores extraños y de que no se le
empape
la piel. No es de extrañar que se autodedique tanto
tiempo,
en sus horas diarias de acecho.
Pero
existe un peligro inherente a dicha insalivación de su
pelo.
Los gatos que hacen la muda y aquellos que tienen un
pelaje
largo, rápidamente acumulan muchos pelos en sus
conductos
alimenticios, y así se les forman unas bolas de
pelo
que les originan obstrucciones. Por lo general, estas
bolas
se vomitan de una forma natural sin causar ningún
trastorno,
pero si son demasiado grandes pueden
convertirse
en un serio riesgo. Los gatos con predisposición
nerviosa,
que realizan mucho acicalamiento de
desplazamiento,
también lo sufren. Para resolver su
problema
hay que averiguar qué les causa la agitación y
hacerle
frente. Para los gatos que mudan y los de pelo
largo,
la única prevención es un acicalado regular por parte
del
dueño, con peine y cepillo, para eliminar el exceso de
pelaje.
El
autoacicalamiento empieza cuando el gatito tiene unas
tres
semanas, pero su pelaje lo atiende la madre desde el
mismo
instante del nacimiento. El acicalado por parte de
otro
gato se llama aloacicalamiento, en contraste con el
autoacicalamiento,
así llamado técnicamente. El
aloacicalamiento
es común no sólo entre la madre y sus
gatitos,
sino también entre gatos adultos que han crecido
juntos
y entre ellos se ha desarrollado un fuerte lazo de
amistad.
Su función primaria no, consiste en la higiene
mutua,
sino más bien en la consolidación de la lealtad que
existe
entre ambos animales. Igualmente, el lamer en una
región
que le es difícil alcanzar al propio gato también tiene
un
atractivo único, y los gatos necesitan una atención
especial
detrás de las orejas. Por eso el rascarles y frotarles
detrás
de las orejas es una forma popular de contactar los
dueños
con sus gatos.
El
autoacicalamiento sigue, a menudo, un tipo de
secuencia,
cuando un gato se dedica tranquilamente a “un
lavado
y cepillado total”.
La rutina típica se produce como
sigue:
1)
Lamerse los labios.
2)
Lamerse el lateral de una garra hasta que queda
húmeda.
3)
Frotarse con las garras húmedas la cabeza, incluyendo
orejas,
ojos, mejillas y mentón.
4)
Humedecer la otra garra de la misma manera.
5)
Frotar con la garra humedecida un lado de la cabeza.
6)
Lamer las patas delanteras y los hombros.
7)
Lamer los flancos.
8)
Lamer los genitales.
9)
Lamer las patas traseras.
10)
Lamer la cola desde la base al extremo.
Si en
cualquier estadio de este proceso se encuentra
algún
estorbo - un mechón de pelo enmarañado, por
ejemplo
-, momentáneamente se suspenden los lametones
en
favor de un mordisqueo realizado con los dientes. Luego,
cuando todo
queda despejado, se reanuda la secuencia del
acicalamiento.
El mordisqueo de pies y garras es
particularmente
corriente, a fin de quitar el polvo y mejorar
el
estado de las uñas. Esta complicada limpieza difiere de la
que se
observa en muchos otros mamíferos. Por ejemplo,
las
ratas y los ratones emplean las dos garras delanteras
para
acicalarse la cabeza, mientras que el gato sólo emplea
el
lateral de la garra y parte del antebrazo. Asimismo, los
roedores
se sientan sobre sus patas posteriores y se
acicalan
con ambos pies delanteros al mismo tiempo,
mientras
que la técnica del felino es emplear cada pata
delantera
de modo alternativo, descansando el cuerpo en la
pata
que no usa. Quienes los ven raramente comentan tales
diferencias,
resaltando simplemente que un animal está
atareado
autolimpiándose. En realidad, una observación
más
atenta revela que cada especie sigue una secuencia
característica,
particular y compleja.
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