EL GATO LLEGA A UN HOGAR EN EL QUE YA VIVE OTRO GATO
Generalmente esto nos complica un poco la
situación ya que ningún gato suele aceptar de primeras a un congénere, por muy
pequeño o gracioso que sea. Mucha gente se lleva un gran disgusto cuando trae a
casa a “un nuevo amiguito” para su gato y es recibido con escandalosos bufidos,
gruñidos e insultos varios.
El que más sufre con todo este asunto es sin
duda el gato que ya habitaba en la casa, ya que ve alterada totalmente su
rutina diaria por un intruso. “¿Y encima tengo que compartir mi bandeja de la arena
y mi comida con él? ¡¡¡Ni hablar!!!”.
Lo mejor será que dejemos al gato nuevo en una
sola habitación y poco a poco podremos alternar la estancia de uno y otro, para
que, sin llegar a verse, huelan y oigan la presencia del otro animal. Darles de
comer a los dos cerca de la puerta que los separa y jugar también cerca de esa
barrera, ayudará a que cada uno de ellos relacione al gato nuevo siempre con
cosas buenas y por tanto, lo acepten con mayor rapidez.
De nuevo habrá que tener paciencia y prestarle
mucha atención a nuestro inquilino más antiguo. Hay gatos que se aceptan casi
sin problemas en unos días, y otros que realmente se enfadan por bastante
tiempo. Como mínimo tendremos que contar con 15 días. Las peleas realmente
serias, casi siempre, van acompañadas de muchísimo ruido por parte de, por lo
menos, uno de los dos gatos. Mientras no haya más que bufidos y no grandes
peleas, la situación irá mejorando día a día.
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