jueves, 23 de octubre de 2014

SI LLEGA UN BEBÉ A CASA

Pocos animales ignorarán tanto la presencia de un bebé como un gato. Mientras su rutina diaria siga el ritmo habitual, a él le dará lo mismo.

Los “problemas” pueden surgir cuando con la llegada del bebé, cambiamos radicalmente la vida del gato. Es evidente que nuestra propia existencia se verá bastante alterada, así que ¿cómo podemos intentar que esto afecte lo menos posible a nuestro gato?

Hay que pensar con anterioridad los cambios que vamos a realizar. Por ejemplo, si se va a restringir el acceso a una habitación determinada, habrá que hacerlo desde meses antes de que llegue el bebé. Esto no es estrictamente necesario, pero sí tenemos que pensar, que a todos los gatos les gusta curiosear, encontrar un sitio calentito y agradable donde poder dormir, y podrían, sin ninguna mala intención, acostarse en la cuna, por lo que tendremos que tener cuidado los primeros meses.

Otra cosa que suele suceder es que se asusten mucho con los llantos de un niño. Si tenemos un gato asustadizo, será mejor acostumbrarlo poco a poco, poniendo por ejemplo, una cinta con sonidos de llanto antes de la llegada del bebé real.


Un gato es perfectamente compatible como compañero de juegos de un niño. Sin embargo, es fundamental hacerle comprender al niño, que el gato NO ES UN JUGUETE y que tendrá que respetar si el gato a veces quiere que le dejen tranquilo. Muchas veces es más recomendable adoptar un gato que tenga ya cierta edad, para que sea más robusto a la hora de jugar y conozcamos mejor el carácter del animal.


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