SI LLEGA UN BEBÉ A CASA
Pocos animales ignorarán tanto la presencia de
un bebé como un gato. Mientras su rutina diaria siga el ritmo habitual, a él le
dará lo mismo.
Los “problemas” pueden surgir cuando con la
llegada del bebé, cambiamos radicalmente la vida del gato. Es evidente que
nuestra propia existencia se verá bastante alterada, así que ¿cómo podemos
intentar que esto afecte lo menos posible a nuestro gato?
Hay que pensar con anterioridad los cambios que
vamos a realizar. Por ejemplo, si se va a restringir el acceso a una habitación
determinada, habrá que hacerlo desde meses antes de que llegue el bebé. Esto no
es estrictamente necesario, pero sí tenemos que pensar, que a todos los gatos
les gusta curiosear, encontrar un sitio calentito y agradable donde poder dormir,
y podrían, sin ninguna mala intención, acostarse en la cuna, por lo que
tendremos que tener cuidado los primeros meses.
Otra cosa que suele suceder es que se asusten
mucho con los llantos de un niño. Si tenemos un gato asustadizo, será mejor
acostumbrarlo poco a poco, poniendo por ejemplo, una cinta con sonidos de
llanto antes de la llegada del bebé real.
Un gato es perfectamente compatible como
compañero de juegos de un niño. Sin embargo, es fundamental hacerle comprender
al niño, que el gato NO ES UN JUGUETE y que tendrá que respetar si el gato a
veces quiere que le dejen tranquilo. Muchas veces es más recomendable adoptar
un gato que tenga ya cierta edad, para que sea más robusto a la hora de jugar y
conozcamos mejor el carácter del animal.
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