Todos
los dueños de gatos han experimentado el
momento
en que su gato salta y, con cautelosos
movimientos,
se acomoda en su regazo. Tras una breve
pausa,
comienza a apretar hacia abajo, primero con una
garra
delantera y luego con la otra, alternándolas en un
amasamiento
rítmico o en una acción de pisoteo. El ritmo es
lento y
deliberado, como si el animal estuviese marcando el
tiempo
a cámara lenta. A medida que el pisoteo se hace
más
intenso se puede sentir el roce de las garras, y es en
este
momento cuando el propietario, por lo general,
empieza
a irritarse y aleja al gato de sí, o lo coge con
cuidado
y lo deposita en el suelo. El gato se consterna ante
este
rechazo, y los dueños quedan asimismo perplejos
cuando,
tras cepillarse unos cuantos pelos de gato
descubren
que el animal ha estado babeando mientras
pisoteaba.
¿Qué significa todo esto?
Para
dar con la respuesta es necesario observar a los
gatitos
alimentándose en la teta. Se observa que hacen lo
mismo
con las pequeñas garras amasando el vientre de su
madre.
Se trata de los movimientos que estimulan el flujo
de la
leche a los pezones y el babeo es parte del “hacerse la
boca
agua” ante el delicioso alimento que está a punto de
llegar.
Este “pisoteo de la leche”, como se le llama, se hace
a un
ritmo muy lento, aproximadamente a un golpe cada
dos
segundos, y siempre va acompañado por un ronroneo
muy
audible. Por lo tanto, lo que sucede cuando el animal
adulto
amasa en el regazo de su amo debe interpretarse
como
reminiscencia de su conducta infantil. Se presenta
cuando
el propietario se sienta de forma relajada, y parece
como si
le dijera al gato:
-Soy tu
madre y me encuentro aquí tumbada, dispuesta a
alimentarte
con el pecho.
El gato
adulto puede regresar así a su época de gatito y
tumbarse,
ronroneando la mar de contento y “creerse” que
con
esos movimientos estimulará el suministro lácteo.
Desde
el punto de vista del gato se trata de un momento
cálido
y amoroso, y el ser arrojado de allí de mala manera
por un
amo al que le ha clavado las uñas, constituye algo
por
completo inexplicable. Ninguna buena gata madre se
portaría
nunca de modo tan negativo. La gente reacciona
más
bien de una manera diferente. Para el gato son
claramente
figuras maternales, porque les suministran leche
(en un
plato) y otros alimentos, y se sientan mostrando su
parte
inferior de forma invitadora, pero una vez se produce
la
reacción del pisoteo de la leche, de repente y con una
reacción
rara, se alteran y alejan de ellos al seudoinfante.
Se
trata de un clásico ejemplo del mal entendimiento al
que se
puede llegar entre humanos y gatos. Muchos de ellos
podrían
evitarse al admitir que un gato doméstico adulto
sigue
siendo un gatito en su conducta respecto a su amo
seudopadre.
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