jueves, 8 de enero de 2015

¿Por qué el gato desgarra la tela de su sillón favorito?


La respuesta habitual es que el animal se afila las uñas.
Esto es verdad, pero no de la manera que la mayoría de
personas se imagina. Les parece que afilan los puntos
mellados, a la manera como nosotros afilamos los cuchillos
desafilados. Lo que realmente ocurre es que se arrancan las
vainas viejas y gastadas de las uñas, revelando unas
brillantes uñas nuevas por debajo. Es algo que se parece
más a como la serpiente muda de piel que a afilar un
cuchillo de cocina. A veces, cuando la gente pasa la mano
por el lugar en que el gato ha estado arañando el mueble,
encuentra lo que cree una uña arrancada, y teme que el
animal, accidentalmente, las haya metido en las fibras
fuertes del tejido y se haya lastimado. Pero “la uña
arrancada” no es otra cosa que la vieja capa exterior,
preparada para que la eliminen.
Los gatos no efectúan esos poderosos actos tipo
suavizador con las patas traseras. En su lugar, emplean los
dientes para morder las viejas vainas de las uñas de atrás.
Una segunda función del suavizamiento de las patas
delanteras es el ejercicio y fortalecimiento del mecanismo de
retracción y protrusión de las garras, tan vital para capturar
a las presas, luchar con los rivales y trepar.
Una tercera función, insospechada para la inmensa
mayoría de la gente, es la de marcar el territorio por los
olores. Tienen unas glándulas odoríferas en la parte inferior
de las garras delanteras, que frota vigorosamente contra la
tela del mueble donde ha clavado las uñas. Al suavizar
rítmicamente, garra izquierda, garra derecha, el olor se
adhiere a la superficie de la tela y lo frota, depositando su
firma personal en el sillón. Y ésta es la razón de que sea
siempre nuestro sillón favorito el que sufra la máxima
atención, porque el gato lo que hace es responder a la
propia fragancia personal, y añadir la suya a la humana.
Algunas personas compran un costoso poste en las tiendas
de animales domésticos, cuidadosamente impregnado con
nébeda para hacerlo más tentador, y se ven amargamente
decepcionadas de que el gato ignore rápidamente el
instrumento y vuelva al mueble. El colgar del poste una
vieja y sudada camiseta ayuda más a resolver el problema,
pero si un gato ya ha elegido un sillón o una parte especial
de la casa, como su “ lugar para suavizarse “, en dicho caso
es tremendamente difícil alterar ese hábito.
En su desesperación, algunos dueños de gatos recurren a
la práctica cruel de quitarles las uñas a sus animalitos.
Aparte del daño físico que eso supone, también resulta
Psicológicamente perjudicial para el gato y lo coloca en seria
desventaja en las persecuciones en que deba trepar, en la
caza y en las relaciones sociales felinas. Un gato sin uñas no
es un verdadero gato.



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