Cuando
entras en un cuarto en el que un gato está
tumbado
en el suelo, y le diriges unas palabras cariñosas de
salutación,
puede éste responder rodando sobre su lomo,
estirando
las patas todo lo que pueda, bostezando,
ejercitando
las uñas y moviendo gentilmente el rabo.
Mientras
lleva a cabo todas esas acciones, se te queda
mirando,
comprobando cuál es tu estado de ánimo. Ésta es
la
forma en que un gato te ofrece una reacción pasiva
amistosa,
y es algo que sólo ofrece a los íntimos de la
familia.
Pocos gatos se arriesgarían a una salutación así, en
el caso
de que la persona que entre en la estancia sea un
desconocido,
porque la postura de ofrecer la barriguita hace
al
animal en extremo vulnerable. En efecto, ésta es la
esencia
de su amistad. En realidad, el gato está diciendo:
me
vuelco y te enseño mi barriga tan vulnerable en prueba
de
confianza.
Un gato
más activo correrá hacia ti y comenzará a
rozarse
en tu pierna como forma de saludo amistoso, pero
uno más
perezoso y soñoliento preferirá enseñarte su
barriguita.
El bostezo y el estiramiento que lo acompañan
reflejan
la somnolencia del animal, una somnolencia que
está
dispuesto a interrumpir el menor tiempo posible. La
leve
oscilación de la cola indica que está dudando entre
seguir
estirándose y saltar para aproximarse al recién
llegado.
No
siempre es seguro dar por supuesto que un gato que
te
enseña su barriga está preparado para permitirte
acariciarle
esta zona tan blanda. Tal vez parezca estar
ofreciéndotelo,
pero con frecuencia un intento de acariciarle
se
encuentra con el golpetazo de su garra irritada. La región
de la
barriga está tan protegida por el gato que encuentra
desagradable
el contacto en ese sitio, excepto en el caso en
que
entre el gato y su dueño haya mucha, pero que mucha
confianza.
Un gato así puede confiar tanto en una familia
humana
que permita que le hagan cualquier cosa. Pero el
gato
más típico y cauteloso pone unos cotos cuando alguien
se
acerca a sus partes más blandas.
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